domingo, 27 de noviembre de 2011

El lobo y la pantera.

No se sabía como, dos animales salvajes y de oscuro pelaje habían acabado encerrados juntos en el mismo lugar. Cada uno en su rincón, se miraban fijamente, evaluándo la capacidad de reacción del otro. Los ojos amarillos de ella contrastaban con los rojos de él, dominando su espacio de la jaula. Ambas fieras se removían inquietas, dos fuerzas imparables tratando de hacerse con todo el cubículo, pero para poder conseguirlo solo existía una forma: debían luchar.

Agazapada sobre una roca, el pelaje de ella se erizó mientras sacaba las garras retráctiles. Él, en su guarida, oculto bajo su cueva, retrajo el morro dejando al descubierto sus enormes colmillos manteniendo las orejas completamente tiesas, atento a cualquier sonido que ella produjera. Ambos se mantenían inmoviles, a la espera de que el otro lanzara el primer ataque. El aire estaba cargado por la tensión del ambiente, la electricidad circulaba de un lado a otro y ambos animales temblaban sobre-excitados por la prevision de lucha.

Un chasquido de una mandibula, el sonido de las garras contra el suelo y se lanzaron el uno sobre el otro. Al encontrarse en mitad de la estancia, el lobo y la pantera se pusieron en pie, apoyandose cada uno en el cuerpo del otro. Ella le rodeaba el torax con sus patas finas y elegantes mientras le clavaba las uñas en los costados tratando de desgarrarle. Él la empujaba hacia atrás con sus anchas y fuertes patas a la vez que trataba de morderla la garganta. Los envites iban y venian, ambos trataban de ganarse el respeto del otro, su rendición, su espacio en aquel lugar. Luchaban a vida o muerte...

Durante horas estuvieron soltandose, alejandose, acercandose y volviendo a engancharse con uñas y dientes el uno al otro. De sus oscuros pelajes empapados de sudor, manaba sangre, tiñiendo el suelo de rojo y haciendo brillar éstos más allá de lo sobrenatural. A pesar de parecer una lucha encarnizada, ambos disfrutaban de la pelea, de lo que se hacian, de desgarrarse mutuamente, de hacerse rugir y aullar de rabia y dolor. El lobo gozaba con cada rugido que proclamaba su compañera cuando conseguía atrapar su garganta o sus escápulas. La pantera disfrutaba con cada aullido que, involuntariamente, salia de su acompañante cuando sus uñas y/o dientes se clavaban con intesidad en su torax y orejas. Mientras, ambos se alimentaban del otro hasta saciar su sed.

Era un juego, una forma de vida, una forma de pensar... Se reducían a lo más básico: Matar para vivir y alimentarse de lo único que tenian: el otro.

Aunque una vez terminados los juegos sádicos, una vez alimentados y satisfechos volvian a ser simples animales, salvajes eso si, pero tranquilos. Pasando de estar prácticamente a punto de matarse a cuidar el uno del otro.

6 habitantes han dejado su opinión:

El ángel de Gaia dijo...

que bonito... cargad de sentimiento y de dolor pero a la vez de energía y actividad, muy muy extenso en todo lo que se manifiesta sin usar grandes florituras. Aquí te dejo un comentario de tu amigo el lobo y un beso para tus escápulas.

sam, una venusiana perdida en este mundo dijo...

Sabes que trato de contar las cosas como las veo sin usar muchos adornos. Mis escapulas reciben tus besos encantadas y mi ultimo tatuaje también XD.

nuria dijo...

hola,solo keria decir ala autora de esta historia..ke no has podido plasmar mejor,mi historia kon una loba..esta historia es klaramente el futuro ke me espera..cuando mi pantera interior se encuentre kon su loba..gracias..^^

sam, una venusiana perdida en este mundo dijo...

De nada supongo. Me alegra que te haya gustado. Es una historia real, como casi todos mis relatos se basan en cosas que me ocurren.

Anónimo dijo...

Bonito relato. Me gustaría saber quien es el autor de la última ilustración que hay. Gracias

sam, una venusiana perdida en este mundo dijo...

El relato es mío, algo que me ocurrió con un amigo. La última ilustración en cambio... sinceramente no sé quien la dibujó, siento no poder ayudarte.

Un saludo

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